La nieve transformó a Buenos Aires
Después de 89 años, la ciudad y el conurbano volvieron a quedar blancos; los porteños hicieron muñecos y guerras de nieve.
Fue como si la ciudad hubiera quedado atrapada dentro de una de esas bolas de cristal en las que nieva cuando se las da vuelta. Así, el paisaje cotidiano, ese que los porteños ven cuando miran por la ventana de sus casas, de pronto adquirió un aspecto mágico, encantado y atemporal.
Después de 89 años, una nevada inexplicable e inesperada cayó sobre Buenos Aires y transformó la ciudad. También el ánimo de los porteños, que, incrédulos, salieron a las calles a comprobar si realmente esas rosetas blancuzcas que se veían caer eran copitos de nieve. Al anochecer, ya no había dudas. Los autos estaban blancos y había suficiente nieve como para hacer muñecos. También, claro, para formar bolas blancas y declarar guerra de nieve a hermanos y amigos.
El día patrio se convirtió de pronto en una fiesta mucho más blanca que celeste. Gracias al feriado, casi todo el mundo tuvo tiempo para salir a jugar con la nieve. Por la noche, las plazas se llenaron de personas que miraban hacia el cielo con los brazos extendidos y que se tomaban fotos.
No había dudas. Los porteños tenían la sensación de estar viviendo una jornada que, además de mágica, era histórica, de esas que alguna vez les contarán a sus nietos, prologada con un "allá, por el año 2007...".
La primera nevada llegó cerca del mediodía. Pero en la calle la gente tenía sus dudas, "es como nieve", decían, aunque las dudas persistían porque los copitos tenían apenas forma de pelusa y se deshacían apenas tomaban contacto con el asfalto.
La sospecha de todos se confirmó pasadas las 16. El frío arreció y las "pelusas" se intensificaron. El Servicio Meteorológico Nacional lo confirmó en su parte para Capital y alrededores: "Nublado con nevadas". La temperatura era de 2,6° y la sensación térmica era de 1,2° bajo cero. Era oficial: nevaba en Buenos Aires.
Los celulares canalizaron la sorpresa y la alegría que produjo la nevada. En la estación Malabia, del subte B, había un concierto de ringtones : los interlocutores cambiaban, pero todos daban la misma noticia: "Por acá está nevando mucho". Hubo quienes no se quisieron perder el espectáculo y a mitad de camino abandonaron el tren bajo la tierra.
En la superficie, Buenos Aires parecía una ciudad encantada. Erica, una venezolana que paseaba con sus primas en Corrientes y Callao, no aguantó la sorpresa. Llamó con su celular a su familia en Caracas, al grito de "estoy en Buenos Aires y está nevando".